Apéndices I
VOCABULARIO ESENCIAL (Según el actor porno)
Putona: adj. Más que puta.
La primera vez que se le ocurrió la palabra, no se animó a decirla y en cambio si a pensarla, como un niño que roba un caramelo a hurtadillas y se ríe de su travesura. Era natural, estaba solo, de viaje, en una misión secreta y la mujer en frente suyo era la hija de su tía, la hermana de su padre, que le contaba de sus correrías con un batallón entero de infantería. Ese era el único pretexto para que diciendo lo que la mujer estaba diciendo, él, le siguiera perdonando la vida. Era de la familia, y la familia no es joda. Claro que no le perdonó la vida solo por pensar en lo que diría su padre o la cornuda de su tía, sino que también sumaba el invocar a la mente el recuerdo de Perla, su fogosa paraguaya que lo esperaba de regreso.
Lo explicó al llegar. Tuvo que hacerlo dado a que los otros era la primera vez que escuchaban semejante palabra y no la primera pero si una de las pocas veces que lo vieron reir de esa manera. “La mina estaba desbocada, me buscaba todo el tiempo. Aún comiendo en la mesa con su madre, su padre y toda la familia sentía los ojos de ella encima. Era mirona, atrevida, como si tan solo con verte ya te la estuviese chupando. Yo se que a todas las minas les gusta la pija, pero a esta le encanta… la ama!”. Después se quedó así, silencioso, más que tranquilo con su explicación. El único que no necesitó tener que preguntar nada fue el sensible, que había perdido a la putona de su mujer y a uno de sus amigos. Años más tarde, el actor porno igual la paso a valores, solo por putona.
Coqueto/a: adj. Presumido/a, esmerado/a en su arreglo personal y en todo cuanto pueda hacerlo/a parecer atractivo/a o putona.
Lo dijera como lo dijera, el/la coqueto/a siempre eran mal vistos. Si en algún momento de la noche el motín daba comienzo, él, masculino singular, o los, grupo de coquetos, eran los sorteados para recibir los primeros boleos en el orto o, si la trifulca era grande, algún sillaso a traición mientras el señuelo oficiaba de amistoso y les daba chamullo.
Ella es solo una coqueta, pero se la garcha de igual manera. Hasta se diría que con más placer.
Reviente: adj. Coqueta pasada de moda con cara de amar el nabo por sobre todas las cosas.
“Mira ese reviente” era lo único que le hacía falta decir, entonces todos los presentes boleaban sus ojos en círculo hasta encontrar a la mujer que diera justo con las particularidades del caso. Nunca importaba que en la mayoría de los casos el reviente venía acompañado de un coqueto ni que el muchacho a su lado, ofendido por las miradas de diez o quince tipos se creyese boxeador. Era el primero en recibir.
El reviente actúa a la inversa que la coqueta, es decir, pasada de moda. Un reviente puede llevar un vestido tutú sobre un pantalón Oxford o unas calzas negras a lunares fucsias por debajo de una pollera de jeans y una campera de gimnasia. Del mismo modo, no se salva de ser cogida. Como Dios manda.
Rosadita: adj. De color más tenue que el rojo. (Primer paso del “movimiento rosado”).
Cuando apoyó su miembro sobre el volante del vehiculo, ella, lo primero que hizo, antes de abrir la boca espantada, fue sorprenderse, quizá porque no había visto nada igual. Cuentan los que escucharon la anécdota varias veces que él solo le dijo “mirala”. Y ella habrá pensado que linda, que simpática, tan rosadita.
Querendona (a media goma): adj. Estado de descanso. (Segundo paso).
Dicen los que llegaron a tal punto de extasis, que es el estado perfecto del miembro viril masculino. “El hombre de cromo”, que ha entrado a esta novela a fuerza de hazañas, también lo ha definido como en lo que en gastronomía se llama “punto caramelo” o lo que la jerga albirroja definió mejor como “punto elástico”. Es como estar cuerpo a tierra pero con el fusil martillado para ser disparado. Es el sumun del brillo, el momento culmine del eclipse de rosas.
Ganzúa: adj. Belicosa. Tercer y último paso de dicho movimiento.
Putona: adj. Más que puta.
La primera vez que se le ocurrió la palabra, no se animó a decirla y en cambio si a pensarla, como un niño que roba un caramelo a hurtadillas y se ríe de su travesura. Era natural, estaba solo, de viaje, en una misión secreta y la mujer en frente suyo era la hija de su tía, la hermana de su padre, que le contaba de sus correrías con un batallón entero de infantería. Ese era el único pretexto para que diciendo lo que la mujer estaba diciendo, él, le siguiera perdonando la vida. Era de la familia, y la familia no es joda. Claro que no le perdonó la vida solo por pensar en lo que diría su padre o la cornuda de su tía, sino que también sumaba el invocar a la mente el recuerdo de Perla, su fogosa paraguaya que lo esperaba de regreso.
Lo explicó al llegar. Tuvo que hacerlo dado a que los otros era la primera vez que escuchaban semejante palabra y no la primera pero si una de las pocas veces que lo vieron reir de esa manera. “La mina estaba desbocada, me buscaba todo el tiempo. Aún comiendo en la mesa con su madre, su padre y toda la familia sentía los ojos de ella encima. Era mirona, atrevida, como si tan solo con verte ya te la estuviese chupando. Yo se que a todas las minas les gusta la pija, pero a esta le encanta… la ama!”. Después se quedó así, silencioso, más que tranquilo con su explicación. El único que no necesitó tener que preguntar nada fue el sensible, que había perdido a la putona de su mujer y a uno de sus amigos. Años más tarde, el actor porno igual la paso a valores, solo por putona.
Coqueto/a: adj. Presumido/a, esmerado/a en su arreglo personal y en todo cuanto pueda hacerlo/a parecer atractivo/a o putona.
Lo dijera como lo dijera, el/la coqueto/a siempre eran mal vistos. Si en algún momento de la noche el motín daba comienzo, él, masculino singular, o los, grupo de coquetos, eran los sorteados para recibir los primeros boleos en el orto o, si la trifulca era grande, algún sillaso a traición mientras el señuelo oficiaba de amistoso y les daba chamullo.
Ella es solo una coqueta, pero se la garcha de igual manera. Hasta se diría que con más placer.
Reviente: adj. Coqueta pasada de moda con cara de amar el nabo por sobre todas las cosas.
“Mira ese reviente” era lo único que le hacía falta decir, entonces todos los presentes boleaban sus ojos en círculo hasta encontrar a la mujer que diera justo con las particularidades del caso. Nunca importaba que en la mayoría de los casos el reviente venía acompañado de un coqueto ni que el muchacho a su lado, ofendido por las miradas de diez o quince tipos se creyese boxeador. Era el primero en recibir.
El reviente actúa a la inversa que la coqueta, es decir, pasada de moda. Un reviente puede llevar un vestido tutú sobre un pantalón Oxford o unas calzas negras a lunares fucsias por debajo de una pollera de jeans y una campera de gimnasia. Del mismo modo, no se salva de ser cogida. Como Dios manda.
Rosadita: adj. De color más tenue que el rojo. (Primer paso del “movimiento rosado”).
Cuando apoyó su miembro sobre el volante del vehiculo, ella, lo primero que hizo, antes de abrir la boca espantada, fue sorprenderse, quizá porque no había visto nada igual. Cuentan los que escucharon la anécdota varias veces que él solo le dijo “mirala”. Y ella habrá pensado que linda, que simpática, tan rosadita.
Querendona (a media goma): adj. Estado de descanso. (Segundo paso).
Dicen los que llegaron a tal punto de extasis, que es el estado perfecto del miembro viril masculino. “El hombre de cromo”, que ha entrado a esta novela a fuerza de hazañas, también lo ha definido como en lo que en gastronomía se llama “punto caramelo” o lo que la jerga albirroja definió mejor como “punto elástico”. Es como estar cuerpo a tierra pero con el fusil martillado para ser disparado. Es el sumun del brillo, el momento culmine del eclipse de rosas.
Ganzúa: adj. Belicosa. Tercer y último paso de dicho movimiento.
Momento culmine de la erección. Según estudios de anatomistas destacados, duchos en saberes pero faltos de empirismo, todos posteriores al actor porno y por consecuente aprendices y continuadores de su basta teoría, es cuando la cabeza del pene deja de estar brillante y se sale de la vaina, para mostrarse cual sol que rompe entre las nubes. La piel se estira y se pone densa y se podría también afirmar que los huevos, duros como rocas, ya empiezan a hacer sonar el golpeteo de tambores tan característico del reventar contra el culo.
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